Las burbujas de precios

EXPERIENCE | LAS BURBUJAS DE PRECIOS

Como una ola

Cada cierto tiempo se produce una burbuja de precios que afecta a los coches de treinta o cuarenta años atrás, aquí va una teoría para explicarlo.

Bugatti Type 13 Brescia (1925) | Artcurial

26.11.2016

Un comerciante sostiene en la mano un paño que envuelve algo pequeño, del tamaño de una mandarina. Zijn 6.000 gulden zoals afgesproken, mijn heer… estoooo… son 6.000 florines según lo convenido, mi señor. Sin pestañear, la otra persona le tiende gustosa la bolsa de monedas de oro que contiene cuarenta veces un salario medio anual y se lleva a su casa con orgullo su… bulbo de tulipán. Estamos en enero de 1636, el precio de los bulbos está por las nubes y media Holanda se ha puesto a cultivarlos, pero en un par de semanas y de un día para otro de repente nadie querrá comprarlos, los precios bajarán al subsuelo y la entera economía de los Países Bajos se irá a la quiebra.

Ésta es la primera gran burbuja económica de la que se tiene noticia: una brutal y absurda subida de precios seguida de una súbita caída. Ejemplos posteriores los hay en abundancia: el oro en los años ’70, las acciones de las punto com a finales de los ’90 o las casas en los años 2000. Pues bien, los medios llevan meses hablando de la burbuja que se habría formado en el sector de los coches clásicos y efectivamente, entre 2005 y 2015 el mercado se ha inflado un 500% (mientras por ejemplo la bolsa ha subido en torno a un 60%) y ahora ya se habla (a regañadientes) del pinchazo, con una bajada anual del 20%... y lo que queda.

Porsche 911 Carrera 2.7 RS Lightweight (1973) | Gooding

En todas las burbujas pasa lo mismo... la espiral de precios comienza con un grupo de gente con mucho cash y ganas de gastarlo – esta vez los presuntos “culpables” de la burbuja han sido los nuevos ricos chinos, los petrodólares árabes y los bancos centrales dándole a la manivela de hacer dinero. Una vez puesta en marcha la espiral se unirán aquellos que quieran sacar tajada: en este caso, cualquiera que quisiera hacer dinero fácil deshaciéndose de su 911 o su Jaguar E-Type – aunque no pensemos tan sólo en coches de alto nivel, todos hemos visto algún Seat 600 anunciado a 15.000 Euros. Y da igual que en una feria nos encontremos con decenas de Porsche 911, todos ofertados a precios mareantes… en las burbujas siempre hay un montón de compradores dispuestos a pagar lo que se les pida – hasta ahora: el mercado se ha saturado, los petrodólares ya no fluyen, la economía china se ha enfriado y vuelve poco a poco la cordura.

Bugatti Royale Type 41 Kellner Coupé (1931) | Christie's

No es la primera vez que pasa con los coches clásicos: a principios de los ’90 vimos pinchar la primera burbuja automovilística, en aquella ocasión alimentada y luego pinchada “gracias” al mercado inmobiliario japonés. Pero como siempre, hemos vuelto a tropezar dos veces en la misma piedra. Porque llega un momento en que muchos empiezan a ver la burbuja, pero son tratados de locos y sus argumentos rebatidos con frases como “los precios de los bulbos/el oro/los pisos/los coches clásicos nunca han bajado” o “esta vez es diferente”. Y es que se ve que cuando uno tiene el capricho y está metido en la dichosa espiral no se para a pensar. Y menos tratándose de coches, que enamoran locamente. Porque lo interesante de este mercado es que tiene una componente emocional muy fuerte que lo diferencia de otros.

Porque veamos, ¿quién y por qué compra coches clásicos? Ante todo, es posible que en mayor o menor medida todos en algún momento de la vida nos encontremos con algo de dinero ahorrado (es difícil en estos días, pero dicen que sucede) y estemos ante el dilema de cómo hacer que te rinda. Ya están… se acercan… aquí llegan… tragad saliva… son ellos… ¡los inversores! Y al ver que los precios suben como la espuma, algunos deciden comprar coches, aún sin tener vínculo con ellos. Consideremos a estos advenedizos como gasolina que se echa al fuego… que ya está encendido, es decir, según este artículo, ellos no son los que dan comienzo a las burbujas. Ah, ¿no? No. ¿Entonces quién?

Triumph Roadster (1946-49) | ICON ROAD

Echad un vistazo en ferias y subastas y contad los tipos entre 50 y 70 años con poco pelo e incipiente barriga que veáis dando vueltas alrededor o asomándose por la ventanilla de ciertos coches. En fin, probablemente estarán admirando uno de sus sueños de juventud. Y es que, nos gusten los coches o no, de niños y adolescentes nos vemos impactados por ellos, sea viajando en el de nuestros padres, viéndolos circular o porque lo tenía el vecino. Y si quedamos contagiados por el virus de los coches, al llegar a los cincuenta tiraremos de ahorrillos para cumplir ese sueño de juventud y darnos el capricho de comprar aquél coche que conducía el vecino o que vimos un día por la calle. Y encima unos años más tarde, ya jubilados, dispondremos de mucho tiempo libre para cuidarlo, mantenerlo y pasearnos con él. Concluyendo, por la ley de la oferta y la demanda, cuando toda una generación se lanza a comprar los coches que les gustan, los precios suben.

Mercedes-Benz 540K Special Roadster (1937) | Gooding

Lo irónico es que antes del boom nadie quiere ni oír hablar de los coches que luego serán objeto de deseo, de modo que la inmensa mayoría acaban en el desguace o modificados, lo que contribuye a que haya menos ejemplares. Y el final de la espiral siempre es igual… pasados unos años, la generación de barrigudos entusiastas pasa de los setenta, ya no pueden sentarse en su clásico por el lumbago, la artrosis o tener que ir al baño cada cinco minutos (no os riais que todo llega), con lo que van perdiendo interés, primero dejan de comprar coches y luego desmantelan la colección. Sin embargo, no todo vuelve a ser como antes: el frenesí siempre empieza en torno a los coches más exclusivos y cuando estos se ponen inalcanzables se acude a los coches más mundanos. Luego, con el pinchazo de la burbuja, los mundanos bajan de precio porque al fin y al cabo hay muchos pero los precios de los exclusivos se quedan arriba, ya que siempre serán joyas valiosas y como tales han alcanzado su (altísimo) precio de equilibrio.

Plymouth Barracuda Hemi Convertible (1971) | Mecum

Traslademos ahora esta pauta al mercado… generalizando, en los años ’70 y hasta bien entrados los ’80 subieron como la espuma los Bugatti, Cadillac V16 y Mercedes Spezial Roadster del periodo de entreguerras, coincidiendo con la madurez de la “generación silenciosa” que había nacido y crecido en ese periodo. Luego siguió la fiebre de los clásicos de los ’50 y primeros ’60 – sobre todo Ferrari y gigantes americanos: Cadillac, Roadmasters y Thunderbirds, todo por cortesía de la generación del “baby boom”. Y más recientemente estamos asistiendo a la fiebre de los Muscle Cars y hemos visto como se han llegado a pagar 3,5 millones por un Barracuda del ’71, por cortesía de la generación X, que según estos cálculos debería empezar pronto a comprar furiosamente clásicos de los ’80.

Maserati 3500 GT Frua (1962) | Artcurial

CONCLUSIÓN

Por supuesto, como toda teoría del comportamiento de masas, este razonamiento hay que cogerlo con pinzas. Sobre todo, naturalmente, por que las generaciones no empiezan ni terminan en un año determinado. Aunque hablando muy en general sí tiene sentido que personas que han crecido durante cierta época y vivido algo tan impactante como una guerra (o una posguerra) compartan una visión del mundo determinada. Por otro lado, no debemos olvidar el impacto que sobre la venta de coches clásicos tiene la crisis de los cuarenta, que precede a lo expuesto más arriba, aunque con un menor impacto económico.

Finalmente, debemos preguntarnos qué hará la generación de los milennials… los nacidos a partir de finales de los ’80. En general (siempre hay excepciones) es un hecho que para esta generación los coches han perdido parte del encanto y la magia de antaño. Quién sabe... aunque quizás no debamos preocuparnos demasiado… igual que sigue habiendo entusiastas de los caballos, la pasión por los coches clásicos siempre seguirá viva y siempre quedarán chiflados dispuestos a preservarlos.

DH

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