Bentley Boys

ICONOS | LOS BENTLEY BOYS

Pilotos con guantes de seda

La muy británica historia de un puñado de afortunados que vivió los rugientes años veinte entregándose a los cocktails, el jazz y los coches rápidos

Bentley 4½-litre "Blower" (1930) | Foto: bentleymotors.com

14.07.2016

El crac del ’29 de Wall Street, con sus grandes titulares, suicidios y todo, sumió al mundo en estado de shock. Se acababan abruptamente los rugientes años veinte, the roaring twenties, el enorme suspiro colectivo de alivio por el final de la guerra, una época de prosperidad, chicas con pelo corto y pantalones, art decó y música jazz. Y de metrópolis superchic como Nueva York, Berlín o Londres. Terminaba una época, y de qué manera: en EEUU entre 1929 y 1932 los precios cayeron un tercio y la producción industrial a la mitad. En Gran Bretaña a finales de 1930 hay el doble de desempleo que un año antes y en algunas ciudades llega al 70%, las exportaciones a la mitad... mucha gente abandona las ciudades para buscar comida o algún curro de jornalero en el campo... Otros también buscan escapar, pero por motivos bien diferentes. Como cada invierno, los adinerados y aristócratas ingleses se desplazan al sur de Francia a disfrutar del buen tiempo, huyendo del interminable frío y la penetrante humedad de las islas británicas.

Y muchos lo hacen del modo más chic: a bordo del Blue Train que entre noviembre y abril hacía su ruta entre Calais y la Riviera italofrancesa – última estación, Ventimiglia. El tren tardaba 20 horas en hacer su recorrido y como quiera que en esta época la tecnología moderna y especialmente los automóviles tenían a todos encandilados, algunos se plantearon intentar batir al tren con un coche. Y así lo lograron dos veces en 1930: primero con un Rover, que en enero llegó a Calais 20 minutos antes que el tren, y luego con un Alvis que lo batió por tres horas.

Bentley Speed Six Long Chassis Vanden Plas style Tourer (1930) | Foto: vandp.net

Y llegamos así a la apacible tarde del 12 de marzo de 1930, en un yate amarrado frente a la costa de Cannes en la Côte d’Azur, dominada por el imponente edificio del Hotel Carlton, precioso, coronado con dos cúpulas diseñadas según cuentan para asemejarse a los pechos de La Bella Otero, famosa bailarina y cortesana de la época – sí, una cortesana es lo que pensáis. En aquellos tiempos el edificio aún era prácticamente el único tan grande y bonito de toda la impecable y casi virgen línea de playa. A bordo del yate, unos caballeros británicos disfrutan de sus copas en medio de una animada charla, hablando pues de sus cositas. Pero destaca uno en particular… es apuesto y (muy) fornido, se llama Woolf Barnato y tiene a todos encandilados con su magnético carisma.

Cuando la conversación llega a los coches enseguida sale el tema del dichoso Train Bleu (otja ves, en fjansés) y el bueno de Barnato apuesta 200 Libras Esterlinas (algunos miles de Euros) a que puede ir más allá: antes de que el tren llegue a Calais, él es capaz de llegar con su Bentley a la puerta del Conservative Club de St. James Street en Londres, saliendo claro está los dos al mismo tiempo desde Cannes. Dicho y hecho, al día siguiente a las 17.45 Barnato y su amiguete Dale Bourne se terminan como quien dice sus copas, salen del bar del Carlton, se suben al Bentley de Barnato (el de la izquierda en esta foto) y se lanzan a la carretera a tumba abierta al mismo tiempo que el Train Bleu comienza a dejar su estela de humo en la estación de Cannes.

Bentley Speed Six Saloon Mulliner Saloon (1929) & Sports Coupé Gurney Nutting (1930)

Barnato y su colega formaban parte de un grupo de 16 ricos automovilistas británicos aficionados a la marca creada unos años atrás por W.O. Bentley. Bon vivants y duros pilotos al mismo tiempo, fueron más que simples simpatizantes, ya que aparte de comprar coches de la marca también corrieron con ellos en eventos deportivos relevantes y con sus victorias cimentaron la leyenda. Y es que desde el principio Bentley hizo participar a sus coches en carreras antes de sacarlos a la venta, para comprobar (y demostrar a todos) su dureza y fiabilidad. Así, cuando en 1922 se entregó el primer Bentley, la marca ya se había hecho un nombre en los circuitos de medio mundo, participando ese mismo año en una nueva carrera que duraba 24 horas y se celebraba en un pequeño pueblo perdido en el centro de Francia llamado Le Mans…

Pero no todo fue fácil para W.O. (así lo llamaba todo el mundo): los coches que fabricaba eran vehículos muy sofisticados, fabricados artesanalmente en la modesta fábrica de ladrillo de Cricklewood, de la que salían unos 300 coches al año. A este ritmo los costes eran muy altos y los márgenes muy bajos y es que, como suele suceder, Bentley era un magnífico ingeniero pero no tan buen hombre de negocios. Así que al suspender pagos en 1925 entra en escena nuestro Woolf Barnato y sobre todo su dinero… al enterarse de que su marca favorita se va a pique, no se lo piensa (o a lo mejor sí, pero no tanto) y compra una parte convirtiéndose en el nuevo dueño, quedando W.O. como director general.

Bentley Speed Six Works Racing (1928)

Bajo el mando de Barnato vinieron unos años dorados y lo que fue una marca siempre al borde del colapso se convirtió en lo más cool de las Islas Británicas. El dominio de Bentley en Le Mans fue apabullante, ganando en total cinco veces la icónica carrera, que quedaría ligada para siempre a los coches pintados en “british racing green” que su competidor más cercano en esa época, Ettore Bugatti, denominó “los camiones más rápidos del mundo” – la dureza y fiabilidad de los rudos Bentley contrastaban con la elegancia y ligereza de los frágiles Bugatti. Barnato siguió metiendo dinero pero la empresa seguía siendo frágil y el crac del ‘29 fue la gota que colmó el vaso. Llegó así el momento de cortar el grifo y dejar de financiar este negocio inviable... en 1931 Bentley es comprada por Rolls Royce, que por fin se daba el gustazo de engullir a su competidor más cercano. W.O. se queda durante un tiempo antes de abandonar él también el barco – su empresa no prosperó pero los Bentley vintage, los de los años ’20, son auténticos iconos ¡Thanks to the Bentley Boys!

Bentley 3 4½-litre (1924) | Foto: coys.co.uk

¿Y cómo se solventó la apuesta? Pues como ya hemos dicho, Barnato y su colega salieron disparados de Cannes a las 17.45. Ni podemos imaginarnos cómo eran las “carreteras” entre comillas en aquella época pero es seguro que no había autopistas, que todas las vías eran de doble dirección y que, bueno, algunas estaban asfaltadas y todo. Cuentan que hasta Lyon todo fue sin novedad pero desde allí el coche avanzó veloz en la noche a pesar de la lluvia torrencial. Se acordaron sitios fijos donde repostar pero a las 4.20 en Auxerre el repostaje dio problemas. Más tarde por el centro de Francia encontraron niebla y al salir de París tuvieron un pinchazo – sólo llevaban una rueda de repuesto. Alcanzaron el puerto de Boulogne a las 10.30, tomaron el ferry para cruzar el Canal de la Mancha a las 11.30 y llegaron finalmente al Conservative Club de Londres a las 15.20, cuatro minutos antes de que el Train Bleu llegara a su destino en Calais.

Bentley 3-litre (1927)

Una curiosidad

A los frikis estas cosas nos apasionan… al resto no tanto así que os pido un párrafo de paciencia, je je… durante décadas los aficionados anduvieron engañados acerca de cuál fue el coche que ganó la famosa apuesta. Y todo porque unos meses después de la hazaña, Barnato se compró un precioso Bentley con carrocería Sportsman Coupé de la compañía carrocera Gurney Nutting, muy llamativa para la época y para conmemorar su hazaña, lo llamó el “Blue Train Special”. Para colmo, el pintor Terence Cuneo inmortalizó este coche en un cuadro que lo exponía corriendo a toda pastilla al lado de un tren. El nombre de este coche y el dichoso cuadro hicieron que durante décadas se pensara que Barnato iba a bordo de esta preciosidad de Coupé cuando batió al tren. Sólo un análisis profundo de los detalles del diario de Barnato aclaró años después que era un Bentley limusina más normal. Menos mal que siempre hay una persona apasionada y con tiempo para aclararnos los grandes dilemas de la historia.

Bentley 8-litre Saloon Mulliner (1931)

El personaje

Alto. Fuerte. Cautivador. Y muy rico. Cuentan que las madres se cuidaban muy mucho de que sus chicas “bien” no sucumbieran a sus encantos que eran muchos. Os hablo de Woolf Barnato, hijo de un “self made man” que se había enriquecido en el negocio de las minas de diamantes en Sudáfrica, pero que desgraciadamente él mismo no pudo disfrutar mucho de su dinero, porque cayó al mar durante una travesía en barco volviendo precisamente de visitar sus minas. Nacido en 1895, Woolf tenía dos años cuando su padre murió, así que heredó todo a una edad muy temprana. Estudiando en Cambridge se labró una reputación como boxeador y atleta y en la guerra sirvió en Palestina, llegando al rango de Capitán. Pero una vez terminadas las hostilidades, se dedicó a lo que más le gustaba: yes, cars & girls.

Barnato fijó su “cuartel general” en Ardenrun, una mansión de campo inglesa de principios del siglo XX. Aquí también anduvieron entrando y saliendo sus colegas, el resto de los Bentley Boys, durante la interminable fiesta que supuso la década de los Roaring Twenties que ya he mencionado al principio. La piece de resistance de la mansión era un enorme bar que Barnato hizo construir en los sótanos, con “ventanas” con cristales traslúcidos retroiluminados para que pareciera de día y una fenomenal chimenea decorada con madera de roble. Partidas de caza, carreras de coches, fiestas nocturnas… esas paredes vieron de todo, pero si las paredes hablaran ya no podrían contarnos nada, porque una noche de marzo de 1933 un incendio devoró todo el imponente edificio, que no fue reconstruido.

Pero a pesar de la frivolidad de gran parte de la vida que llevó Barnato, como ya hemos visto fue un grandísimo piloto de carreras, el mejor, según palabras de W.O. Bentley y desde luego tres victorias propias en Le Mans lo atestiguan. En los años ’30 ya no pilotó pero siguió ligado a las carreras patrocinando equipos y coches. Llegó la Segunda Guerra mundial y también la sobrevivió luchando por su país pero irónicamente murió en el ’48 a la temprana edad de 53 años, víctima de una trombosis tras una operación de cáncer, aunque supongo que para este tipo de personas se acuñó la frase “que me quiten lo bailao”.

En el cine

El Bentley 4½–litre es famoso por ser el vehículo que conducía James Bond en las novelas de Ian Fleming. Y también lo vimos fugazmente en la segunda película de la saga, From Russia With Love (1963), estrenada en España naturalmente como Desde Rusia con amor. Veréis a Sean Connery al principio de la peli hablando por el sofisticadísimo teléfono que tiene instalado en su Bentley verde oscuro – of course. Otra de James Bond con Bentley, pero un poco surrealista, es la primera Casino Royale (1967), protagonizada por David Niven.

Otro Bentley que se hizo famoso en esta época fue el 3–litre de 1928 que conducía el protagonista de la serie británica The Avengers (1961–1969) transmitida en España bajo el título de Los Vengadores. Y termino curiosamente con dos pelis españolas que nos han dejado sendas escenas memorables con Bentley vintage incluido: El laberinto del Fauno (2006) y Los otros (2001). En ambas aparece además el mismo coche: un precioso Bentley 4½–litre Special Sports Saloon Park Ward de 1936. Nos vamos un poco de fechas pero bueno: los fabricados en Derby en los ’30 todavía son auténticos Bentley.

En miniatura

No hay una oferta apabullante de miniaturas de Bentleys de los años ’20 pero os dejo lo que he encontrado en la red. Empezando por los baratos, las reproducciones en metal de Brumm en 1/43 no están nada mal, como el Speed Six ganador de Le Mans con Barnato al volante por 25 €, incluso en versión un poco más cara con muñequitos de los pilotos celebrando. Y siguiendo con los caros tenemos los preciosos Bentley Speed Six Corsica Coupé de 1930 de Minichamps, a escala 1/43 por 90 € y a 1/18 por… atención… 300 €. También he visto un precioso Bentley Blower de Minichamps por 390 € – os dejo una foto en la galería para que veáis el grado de detalle.

Valor (en 2016)

Aunque no lograron victorias y no gustaban a W.O., los Bentley vintage más icónicos son los Bentley 4½–litre Blower con su compresor tipo "Roots”. Cada uno de los 45 supervivientes tiene un precio diferente dependiendo de su historia y grado de conservación y raramente sale uno a la venta, pero en general tienen un valor en el entorno de los cinco millones de dólares. Pero bueno, no desesperéis, que quien no llegue a esta cifra puede recurrir a buenas réplicas que se tasan en unos 800.000 $, así que todavía hay esperanza – o no.

Saliéndonos de los Blower os pongo algunos ejemplos de por dónde se mueven otros modelos. He visto en la red un Bentley 3–litre Vanden Plas Tourer de 1924 por 268.000 Libras, un Speed Six Long Chassis Vanden Plas style Tourer de 1930 por (atención) 1.600.000 Libras y un Speed Six Vanden Plas (1928) por 880.000 Libras. Por cierto, con este último me quedé petrificado al ver que se trataba de una réplica. La explicación: se tomó como base un Bentley original que estaba en tan mal estado que poco se podía aprovechar de él, siendo reconstruido con tantas piezas nuevas que el conjunto sólo puede ser vendido como réplica, aunque no por ello precisamente barato.

Fotos: bentleymotors.com & otros

La marca Bentley sigue siendo hoy en día una de las más valiosas del panorama automovilístico y su astuto departamento de marketing ha sacado a la luz y puesto de moda todo este asunto del Train Bleu y de los Bentley Boys y, bueno, según los libros de marketing hay varias maneras de promocionar una marca a través del famoso boca a boca y entre ellas está la de rememorar o a veces “edulcorar” una buena historia en torno a una marca para que la gente la vaya contando por ahí y así hacerla legendaria. Pero por otro lado, gracias a ello estamos rescatando la leyenda del olvido.

DH

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