Citroën DS

ICONOS | CITROËN DS

La diosa caída del cielo

Tan preciosa como peculiar, esta escultura sobre ruedas aterrizó en Europa como un platillo volante, estuvo 20 años en producción pero no dejó sucesor ni imitadores

Citroën ID 19 (1959) | Foto: Wes Duenkel/WSJ

01.09.2016

Igual que la túnica de Cristo no tenía costuras o las naves de ciencia-ficción son de metal puro e intacto, la suavidad de la diosa es un atributo de perfección. De esta guisa se expresaba en 1957 el filósofo Roland Barthes acerca del Citroën DS en sus “Mitologías”. Y tan impresionado (o bueno, quizás no TANTO) debió quedar el público en general cuando el coche fue presentado un par de años antes a un mundo aún medio anclado en los años treinta y lamiéndose las heridas de la guerra.

Fijaos en el panorama: las ciudades de media Europa estaban en plena reconstrucción, por las carreteras (parcialmente) asfaltadas circulaban por un lado miles de carros de caballos y por otro aun mayoritariamente esos coches que hoy llamamos “antiguos”, con sus finas ruedas, sus guardabarros no integrados y los faros flotando a ambos lados de los enormes radiadores. En este escenario aterrizó en Europa este OVNI plagado de innovaciones visuales y tecnológicas que, en palabras del periodista Alexander Spoerl, no era el coche del futuro, sino el coche del presente. Y de repente los demás coches eran del pasado.

Citroen DS Super 5 (1973) | Foto: SilverstoneAuctions

Por aquel entonces la mayoría de la gente entendía por aerodinámico un coche con aletas traseras y aditamentos aeroespaciales al estilo de los grandes coches americanos. Pero el Citroën tenía una línea pura y limpia y carecía de adornos superfluos, con las ruedas traseras casi completamente tapadas a la vista y más juntas que las delanteras, permitiendo esa peculiar planta que se iba estrechando hacia atrás. Por encima, las amplias cristaleras y rematando el conjunto el techo de fibra de vidrio de cuya línea salen los intermitentes traseros, – en una época en que algunos coches aún usaban señalizadores manuales.

Citroën DS (1956) | Foto: invaluable.com

Pero acerquémonos a él, o mejor a ella, porque los franceses la llamaron enseguida la “diosa”, resultado de pronunciar las letras DS en la lengua gala: déesse – los argentinos, menos sutiles, lo llamaron el “sapo” y en España fue el “tiburón”. En fin, insisto, acerquémonos: con el motor apagado está en modo reposo, muy bajito, con la panza casi tocando el suelo. Abrimos la portezuela y nos sentamos (nos recostamos) en lo que podría ser el sofá de casa, cerramos la puerta y echamos un vistazo a nuestro alrededor. En general llama la atención la cantidad de luz que entra por todas partes.

El volante con su único radio sale (fluye) del cuadro de instrumentos como si fuera pasta dentífrica saliendo del tubo: en esa época los airbag quedaban aún muy lejos, no había cinturones de seguridad y se pensó que con esta forma no te clavarías el eje de la dirección en caso de accidente. A ver los pedales… sólo hay uno: no hay embrague y para frenar hay que pisar una especie de seta. Introducimos la (extrañamente convencional) llave, la giramos un poco, se oyen varios ruidos de mecanismos y fluidos… la carrocería se eleva. Arrancamos y despegamos… digoooo… rodamos. Al principio no es la quinta maravilla pero una vez que cogemos velocidad de crucero, ahí está… la alfombra mágica que esperábamos: ¡flotamos sobre el asfalto!

Citroën DS (1950's)

Qué maravilla: ni siquiera hoy en día se fabrican coches tan confortables, era perfecto: vanguardista, seguro y cómodo como ninguno. Pero (en estos artículos siempre hay un pero) por varias causas el DS no fue el exitazo que debía haber sido. Ante todo, para muchos su apariencia era demasiado futurista: la mayoría de los que se lo podían permitir no estaban dispuestos a aparcar un platillo volante delante de su casa y además desconfiaba de la nueva tecnología. En segundo lugar, las exportaciones nunca llegaron a despegar de verdad y la mayor parte de la producción se quedó dentro de las fronteras galas: fuera de Francia el DS no pasó de ser un coche peculiar sólo para inconformistas.

Luego estaba el pequeño detalle del precio: en Alemania era más caro que algún Mercedes y en Italia había Alfas y Lancias más baratos. Para reconducir esto, en 1957 se introdujo el Citroën ID, versión “barata” del DS y en el ’59 para dar vidilla a la gama salieron las enormes versiones familiares “Break” y “Familiale”, pero nada de esto ayudó a que lo compraran otros más allá de les enfants de la patrie. Por esto faltó siempre un volumen de ventas que hiciera este sofisticado coche verderamente rentable.

Citroën DS Break (1970's)

En 1970 se vendieron más que nunca, pero a partir de ahí el DS fue cuesta abajo: ya no era novedoso ni estaba a la altura de los tiempos técnicamente y por si fuera poco por esta época Citroën luchaba en sus fábricas con irresolubles problemas de oxidación de la carrocería. Y llegamos así a 1974, año en que la Citroën se hundía económicamente y era absorbida por Peugeot, su competidora directa. La producción siguió algo más hasta que el 24 de abril de 1975 salió de la fábrica la última diosa, dejando casi un millón y medio de unidades vendidas y un cierto sabor agridulce: al final de su vida seguía siendo más futurista que sus competidores (incluso que su sucesor, el CX) pero el DS había contribuido a la quiebra de la empresa e irónicamente se iba sin un sucesor espiritual – ni siquiera un imitador.

Citroën DS (1974)

Una curiosidad

La leyenda del DS se consolidó a partir de 1962 “gracias” al atentado que sufrió Charles De Gaulle el 22 de agosto. El presidente se desplazaba junto a su mujer y su yerno en un DS (naturelement monsieur) por las calles de Paris. De Gaulle había vuelto a la política tras doce años de retiro porque el país andaba al borde de una guerra civil a causa de Argelia, que como muchas regiones anhelaba la descolonización. Muchos franceses estaban en contra de dar la independencia a la región pero De Gaulle negoció con el frente de liberación y acordó que Argelia se separaría de Francia. ¡Traición! debieron pensar algunos, que no pensaron nada mejor que intentar matar al presidente.

El caso es que esa tarde una docena de paramilitares tendieron una emboscada al coche de De Gaulle y dispararon nada menos que 187 balas contra el presidente, haciendo reventar las cuatro ruedas. Todo parecía perdido pero gracias a la sangre fría del conductor y a la peculiaridad técnica del Citroën, la comitiva pudo escapar a la desesperada de los asaltantes, rodando sobre las cuatro llantas. Dos motoristas que acompañaban al presidente murieron en el atentado, los terroristas fueron detenidos, condenados a muerte y ejecutados… y la Citroën obtuvo mucha publicidad gratuita.

Citroën DS Cabriolet by Chapron (1960's)

El personaje

Dos personajes fueron los creadores del DS: el escultor y diseñador Bertoni y el ingeniero Lefebvre. Del segundo os hablaré en otra ocasión, hoy quiero detenerme en el primero. Nacido en 1903 en el norte de Italia, Flaminio Bertoni descubrió el diseño de coches por casualidad cuando a la muerte de su padre tuvo que abandonar sus estudios y empezó a trabajar para un fabricante de coches en una ciudad vecina. Pero el destino le tenía preparado otro camino y en 1931 se enamoró locamente de una joven que su madre rechazó, así que Bertoni, muy suyo para sus cosas, decide escapar a París. En Citroën ya lo conocían y al establecerse allí fue la persona correcta en el momento y lugar adecuados: lo contrataron al instante.

Su primera obra fue el Traction Avant u 11 Ligero, para cuyo proyecto hizo por primera vez en la historia una maqueta a escala en arcilla. Luego vino la Segunda Guerra Mundial, periodo en que Bertoni dio muestras de su caracter imprevisible y nada dócil: por ejemplo en 1940 fue arrestado por no firmar un acto de fidelidad a Francia, con lo orgulloso que estaba de su italianidad, oyess... y en 1944 lo arrestaron nuevamente por haber mantenido en funcionamiento la fábrica de Citroën durante la ocupación nazi. Tras la guerra le dio los toques finales al Citroën 2CV y seguidamente le llega el encargo de diseñar el DS, que queda como su obra maestra – aunque su preferido fuera el Ami 6. Hoy en día, Bertoni es reconocido unánimemente como uno de los mejoras diseñadores de coches de la historia.

En el cine

Este coche tan fotogénico aparece en decenas de películas, voy a intentar nombrar las más destacadas. Ante todo tenemos la trilogía de Fantômas, con Louis de Funès, en la que el mayor villano del cine francés conduce un DS para cometer sus fechorías y escapar de las fuerzas del orden. En la escena culminante de la serie el DS de Fantomas despega y vuela gracias a unas alas retráctiles – hoy en día la transformación queda muy inocente pero quizás por ello derrocha charme, oui monsieur. Furthermore, podéis ver más gamberradas con un DS en Le Grand Restaurant (1966) con Louis de Funès “conduciendo” uno por el río Sena en plan coche anfibio o en Le Cerveau (1969) o El cerebro, donde Jean-Paul Belmondo conduce un DS partido por la mitad gracias a la tracción delantera.

Sigo con una de cine independiente, The goddess of 1967 (2000) o La Diosa del asfalto en España, que cuenta la historia de un japonés que viaja a Australia a comprar un DS que ha visto en Internet, pero que cuando llega verá cómo se trastocan sus planes – si no, no habría peli, claro. Muchos premios en festivales y una canción fenomenal, Walk-Don't Run, de The Ventures. Para terminar, Gary Oldman conduce otro DS en Tinker Tailor Soldier Spy (2011), conocida como El Topo en España y acabo mencionando la segunda parte de la trilogía de Regreso al Futuro – Espera Doc, has hecho un taxi volador… ¿con un DS?

En miniatura

La marca Rio ofrece todas las variantes imaginables del DS en una variedad de formatos. Por ejemplo: Citroen DS 19 Pallas en 1:43, visto en Internet por 57,95 €. Rio los fabrica también en versiones de rally, taxis de varias ciudades del mundo, monofaro/bifaro, break, etc. Otros que he visto son un Cabriolet a 1:24 de Welly por 14,95 € o Citroen DS 21 Chapron Palm Beach de la marca Metal 18 con iluminación por 109,95 €.

Valor (en 2016)

Todavía sobreviven bastantes DS, sobre todo en Francia, bien sûr. Un DS en buen estado no debería costar más de unos 35.000 Euros, los más cotizados son los primeros (DS 19 del ’55 al ’61) y los últimos (DS 23 Pallas injection). Claro que como siempre si encontráis un ejemplar con pocos kilómetros y/o en perfecto estado y/o con un dueño anterior famoso os podrán pedir (y seréis libres de pagar) por encima de esa cifra. Ejemplares poco cuidados y necesitados por tanto de muchos arreglos se encuentran a partir de unos 10.000 Euros.

Caso aparte son los descapotables que Citroën encargó a Chapron sobre la base del DS. El resultado fueron unos cuantos coches espectaculares conocidos como Paml Beach, La Croisette y Le Caddy. Estos ejemplares son tan bonitos, exclusivos y coleccionables que ya traspasan los niveles de precio normales, moviéndose en un rango de entre 100.000 y 150.000 Euros.

Fotos: Citroën

El tiempo ha sido magnánimo con el DS y como en un buen vino, con los años se va apreciando cada vez más su peculiaridad. Y si no, fijaos: cuando se pregunta a los mejores diseñadores de coches de las últimas décadas como Ian Callum, Giorgetto Giugiaro o Gordon Murray por el coche que les hubiera gustado diseñar, la mayoría señalan al DS y así lo corroboraron en 2009 nombrándolo “El coche más bonito de todos los tiempos”. O como insistió también Roland Barthes, “un objeto superlativo caído del cielo”.

DH

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