Ford T

ICONOS | FORD T

Tin Lizzie: el primer icono global

El coche más exitoso de la historia hasta que en los ‘70 el Escarabajo le quitó ese honor: las claves de su rentabilidad, lo “sencillo” que era conducirlo y mucho más.

Ford T Touring (1911)

22.04.2016

¿Qué conducimos hoy en día? La mayor parte de nosotros, Ibizas, Astras, Qashqais… coches creados por el departamento de marketing y rematados por contabilidad, cómodos y eficientes, ergonómicos y fiables. Pero cuando el ciudadano de a pie empezó a motorizarse, lo hizo con coches ideados en su mayoría por individuos, no por departamentos. Individuos polémicos (algunos), geniales (la mayoría) y emprendedores (todos) que fabricaron coches llenos de imperfecciones e incomodidades y ni mucho menos fiables, pero con un carisma desbordante que hacía que uno les cogiera un cariño muy especial y que vivencias entrañables estuvieran estrechamente ligadas a ellos. Y aquí tenemos al primero de todos ellos: el Ford T.

¿Os acordáis de El Gordo y el Flaco conduciendo un cochecillo muy gracioso dando botes a lo bestia por campos, ríos y montañas? Pues el irreductible vehículo coprotagonista de aquellas películas era siempre un Ford T, el primer coche barato fabricado en serie, cortesía de Henry Ford, que ni inventó el automóvil ni ideó la cadena de montaje, pero supo aunar los dos inventos para fabricar coches relativamente “sencillos” de conducir (si, entre comillas, seguid leyendo…) que el hombre de la calle se podía permitir – una auténtica novedad en una época en la que la mayoría de los coches se hacían pacientemente a mano y eran privilegio de unos pocos. Para lograr este propósito, la eficiencia fue clave y desde luego Ford sabía lo que se hacía: cuando empezó a producir en 1908 se tardaba 12 horas en fabricar su… Ford, pero a base de invertir en maquinaria y simplificar sesudamente los procesos, hacia 1914 ya salía de fábrica un coche cada 93 minutos y en 1928 cada 12 segundos… Si, doce. Segundos.

Ford T Touring (1925) | fordmodelt.net

Y hablando de eficiencia y ya de paso de ahorro de costes… fiel a la divisa de “lo que no está no se puede romper”, Ford entregaba sus “T” sin bombas de gasolina o aceite, sin luces de freno ni intermitentes y además sin retrovisor, parachoques o rueda de repuesto. Y sólo desde 1919 dispuso de instalación de encendido – hasta entonces se arrancó con la famosa manivela. Por otro lado, al salir de fábrica en versión tan elementalmente megabásica, floreció hasta límites insospechados la industria de los accesorios suministrados por empresas independientes. Así, al estilo quizá de las apps de hoy en día para los smartphones, se calcula que hubo más de 5.000 (si… c-i-n-c-o-m-i-l) accesorios para montar en el Ford T, disponibles para comprar por correo, en talleres e incluso en grandes almacenes. Luego estaba el tema del color: "pueden comprar mi coche en cualquier color, siempre que sea negro", y así fue: para optimizar la producción, entre 1913 y 1926 sólo se hicieron en este color.

Ford T Tudor Sedan (1926)

Hay que hacer un esfuerzo muy grande para imaginarse las ciudades de EEUU en aquella época: lo normal era que los caminos fueran de tierra y sólo las aceras de las calles principales estaban asfaltadas. Imaginaos lo que esto suponía: de por sí habría baches, hoyos y zanjas endémicas, pero cuando llovía aquello debía ser el acabóse: charcos, barro, torrentes de agua… nuestros Ibizas y Astras no habrían avanzado ni tres metros por una “calle” así. Pero el Ford T fue lógicamente concebido y fabricado pensando en estas condiciones y no hay más que ver las bestialidades a las que se sometía en las películas a estos cochecillos. Uno de los secretos de esta robustez y la razón de que sobrevivan tantos hoy en día fue la carrocería de acero al vanadio, tres veces más resistente que el acero normal.

Si. Bueno. Pero, ¿cómo se conducía uno de estos cacharros? Ah, pues hay que decir que el Ford T se hizo famoso por su relativa sencillez de conducción, pero debió ser muy relativa... fijaos en el panorama: hay tres pedales en el suelo, dos palancas en el volante y una palanca en el suelo a la izquierda del conductor. Bien. Hasta aquí todo correcto, pero ahora viene lo bueno… la palanca del suelo está en punto muerto cuando está levantada y en segunda cuando está hacia adelante y el pedal izquierdo no está pisado y es el freno de emergencia cuando está hacia atrás. El pedal izquierdo es la primera marcha cuando está pisado y segunda cuando se suelta el pedal y la palanca del suelo está hacia adelante. El pedal del centro es la marcha atrás y el pedal derecho es el freno. La palanca derecha en el volante es el acelerador y la otra es la ignición. Los frenos funcionan con bandas que actúan sobre la transmisión, con lo que el coche tardaba lo suyo en frenar. Vamos, que pilotar un Airbus es más sencillo… Pero a todo se acostumbra uno y la gente acababa dominando la técnica y disfrutando de la resistencia de este quasi-tractor.

Cadena de montaje (1913)

Precisamente su principal argumento de compra resultó el fin de este coche – ningún éxito dura para siempre. Fijaos en este círculo, vicioso donde los haya: los usuarios compraron estos coches por millones y comenzaron a reclamar al Estado que construyera mejores carreteras… el asfalto es un subproducto del petróleo que se obtiene al destilar gasolina… por tanto, cuantos más coches se vendían, más gasolina se producía y al mismo tiempo más asfalto… que se usó para hacer carreteras... con lo que la calidad del pavimento mejoró tanto que (es lo que tenemos los consumidores)… la gente reclamó coches más confortables y potentes. De repente el coche que en realidad casi era como un tractor sencillamente ¡se había pasado de moda! Al principio Henry Ford no quiso verlo y siguió empeñado en vender su T(ractor), hasta que la producción se volvió totalmente inviable desde el punto de vista económico y se paró la cadena de montaje. Medio año estuvieron las fábricas paradas hasta que a finales de 1927 Ford sacó al mercado un coche acorde con los nuevos tiempos, al que llamó “Modelo A”. Pero ésta es ya otra historia.

Ford T modificado para el transporte de ganado bovino

Una curiosidad

Ah… claro… no hemos hablado de su apodo más común… en Norteamérica todo el mundo lo conoció como Tin Lizzie. A principios de siglo en EEUU entre las familias de clase media estaba de moda contratar a chicas inmigrantes para servir en sus casas, a las que llamaban genéricamente Elizabeth o “Lizzie”. El Ford T se convirtió pronto en un “sirviente mecánico” y recibió el citado apodo de Tin Lizzie, o sea, la “Lizzie de hojalata”.

El personaje

Pues Henry Ford, ¿quién si no…? Vamos a ello… Henry Ford nació en 1863 y creció en la granja de sus padres, el mayor de seis hermanos, se formó de aprendiz y tuvo varios trabajos relacionados con las máquinas hasta que en 1891 obtuvo el título de ingeniero. En 1899 fundó la Detroit Automobile Company que tras un par de años se declaró insolvente y por fin en 1903 fundó la Ford Motor Company y ésta sí que duró unos cuantos años… Ford fue todo un “self made man” que dirigió hábilmente su compañía y dio mucho a la humanidad y a sus trabajadores, por los que se preocupó y luchó. Quizás sea menos conocida su inclinación al antisemitismo, al que dedicó la misma pasión y ahínco que a fabricar coches: durante nueve años fue el editor de un periódico en el que se publicaron artículos contra los judíos, recopilados en cuatro libros bajo el título “The International Jew, the World’s Foremost Problem”.

Y aún más problemática fue su relación con la Alemania nazi, donde en 1938 construyó una fábrica de camiones y fue el primer americano en recibir la insignia del Escudo del Águila del Imperio Alemán, con una nota de felicitación del mismo Adolf Hitler, quien tenían un retrato de Ford en su despacho en Múnich y ya en 1931 había declarado que consideraba a Ford como su mayor inspiración – dudoso honor donde los haya. Pero también hay que mencionar que en 1942 Ford escribió una carta a la Liga (hebrea) Anti Difamación en la que atacaba el odio hacia los judíos y expresaba su esperanza de que el acoso contra los judíos terminara para siempre.

En el cine

El Ford T apareció en 1908 y naturalmente el cine (el mudo y el primer sonoro) supo ver las posibilidades de incluir automóviles en las historias. Fueron Buster Keaton y Harold Lloyd los que comenzaron a usar Ford Ts en sus pelis, aunque se ve que el automóvil aún no era tan popular como para darle tanta importancia en los guiones. Sin embargo, aprovechamos para invitaros a visionar “Safety Last” (1923), en España "El hombre mosca", el exitazo de Lloyd que incluye la famosa escena en la que queda colgado de un reloj y “The General” (1926), conocida en España como "El maquinista de la General", quizás la mejor película de Keaton y una de las más grandes de la historia del cine.

Pero fue en las películas de Stan Laurel y Oliver Hardy, el Gordo y el Flaco, en las que el simpático Ford T se convirtió en coprotagonista, especialmente en el corto "Two Tars” (1928) o en largometrajes como "Big Business" (1929), transportando árboles de Navidad. Por cierto, tras el rodaje todos los Fords acababan en el chatarrero pero uno sobrevivió a la masacre y está expuesto actualmente en el Miami Auto Museum - junto con muchos otros coches de películas, por si tenéis oportunidad de pasaros por ahí.

Más recientemente, en la película “Cars” (2006) aparecen dos Ford T: uno es el personaje de Lizzie, el habitante más anciano de Radiator Springs y el otro su marido Stan, del que sólo aparece el monumento.

En miniatura

La marca Sunstar fabrica modelos preciosos como un Ford Model T Touring de 1925 a escala 1/24 y Motormax produce modelos de la misma escala a precios similares. Una alternativa sería la marca Newray a escala 1:32 y para los fans de la escala 1:18 existen dos modelos, uno de Eagle y otro de Motorcity Classics, a precios un poco más altos, pero aún asequibles.

Valor (en 2016)

Se calcula que actualmente sobreviven unos 100.000 Ford Ts. En EEUU existe lógicamente un mercado muy activo de compra venta y echando un vistazo a los anuncios en Internet veremos que se consiguen ejemplares de coleccionista por entre 20 y 30.000 $, pero a partir de 12.000 $ ya se encuentran modelos en buen estado. En Europa se ven en Internet bonitos Ts por entre 12.000 y 25.000 €, aunque algún optimista pida hasta 50.000 € por el suyo.

La técnica

El Ford T, ahí donde lo véis, medía 3,4 metros y pesaba unos 550 kg. El motor era un cuatro cilindros en línea con 2,9 litros y… bueno… 20 CV eran todo lo que sacaban en aquella época de esta cilindrada, que ayudaban al coche a alcanzar los 67 pedazos de kilómetros por hora consumiendo entre 11 y 18 litros cada 100 kilómetros. La transmisión se vendía en la época como de tres marchas, aunque en términos actuales deberían ser dos, ya que la tercera… pues era la marcha atrás.

Fotos: Ford / otros

Como hemos dicho, todo éxito tiene su final, pero en los últimos años el Ford T ha sido nombrado en muchos foros el coche más influyente de la historia y no sólo en EEUU, ya que fue el primer coche global y el primero fabricado en varios países a la vez. Aparte de EEUU hubo fábricas en Canadá y Gran Bretaña y más tarde se produjo en Irlanda, Alemania, Argentina, Francia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Brasil, México, Japón y España – en Cádiz quiyo ¡ni más ni menos! Se fabricaron más de 15 millones de unidades entre 1908 y 1927 y se calcula que cuando llevaban 10 millones, la mitad de los coches del mundo eran Ford Ts.

DH

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