Lamborghini Countach

PASIÓN | LAMBORGHINI COUNTACH

Superlativo italiano

Este auténtico icono fue EL coche del póster en la pared de la habitación para miles de adolescentes en los '80, pero su impacto en los '70 fue aun mayor

Lamborghini Countach LP400 "Periscopio"i (1974) | Foto: rmsothebys.com

30.06.2016

Es de noche y hace un frío que cala hasta los huesos, típico de la ciudad de Turín. En las instalaciones del carrocero Bertone descansa un prototipo de coche superdeportivo. El ingeniero de Lamborghini Paolo Stanzani y el guardia de noche caminan con paso firme hacia el vehículo y retiran la tela que lo cubre. De repente queda al descubierto y brilla fulgurante el acero del coche, bajísimo y todo ángulos. El guardia exclama en piamontés profundo: “¡kuntach!”. El ingeniero no entiende la expresión y el guardia le explica que viene a significar en italiano “perbacco”. Para nosotros en castellano sería algo como “¡ostias!”.

Lamborghini Countach LP400 Prototipo | Foto: Stile Bertone

Según esta bonita leyenda, Stanzani encontró esa noche de 1970 el nombre para su nuevo proyecto, que vería la luz el año siguiente en el Salón de Ginebra. Las líneas que tanto habían sorprendido al guardia y más tarde a medio mundo, eran responsabilidad de Marcello Gandini, que esbozó un diseño que rompía con el estilo curvilíneo de los ’60, extremo pero puro, hecho de líneas geométricas y soluciones estéticas radicales. Para inspirarse echó mano de un concepto suyo anterior, el Alfa Romeo Carabo. Debido a dificultades económicas, huelgas y la crisis del petróleo del ’73, hubo que esperar a 1974 y la entrada nuevos socios capitalistas, para finalmente entregar el primer Countach, a su nuevo dueño. Se trataba del LP400, un bólido con un 12 cilindros montado detrás (“Longitudinale Posteriore”) de 3,9 litros, seis dobles carburadores Weber, 375 CV. Y atención a las medidas del vehículo: 4,14 x 1,99 x 1,07 metros.

Lamborghini Countach LP5000 (1980's) | Foto: artandrevs.com

Hay coches que son la expresión de una época, pero en el caso del Countach podemos decir que tuvo dos personalidades y marcó dos épocas. En los ’70 con su diseño original, radicalmente innovador, aunque el diseño original tuvo que ser modificado paulatinamente para adecuarlo a la realidad: sobre todo con entradas y salidas de aire laterales para que respirara el poderoso motor, pero también con detalles como los limpiaparabrisas, que parecen un pegote añadido a posteriori, aparentemente porque Gandini había “olvidado” incluirlos en el diseño original. Ya en los ’80, con los conocidos aditamentos aerodinámicos, alerón trasero gigantesco incluido, fue el icono de toda una generación, el “coche del póster” que muchos, muchísimos adolescentes de la época tuvimos en la pared de nuestro cuarto. De esta guisa se vistió pues el Countach LP5000S desde 1982 y seguidamente el icónico Quattrovalvole a partir de 1985. Se fabricaron 2,042 Countach hasta su desaparición en 1990. Sus artífices… Stanzani, Bertone, Gandini… son veneradas estrellas en el firmamento automovilístico. En cuanto a Lamborghini, tuvo varios dueños y en 1998 acabó en manos del Grupo Volkswagen, lo que significó su salvación. Menos suerte tuvo la empresa de Bertone, que tras su muerte quebró en 2014 y ahora se busca su refundación.

Lamborghini Countach LP5000 S (1980's) | Foto: desert-motors.com

Pero acerquémonos a esta bestia, que vamos a dar una vuelta… abrimos la puerta, ya sabéis: hacia arriba… puertas de tijera las llaman. Buff… el asiento queda muuuy lejos y muuuy bajito, mejor sentarse primero sobre el enooorme estribo, escurrimos las posaderas hasta el asiento a la vez que pasamos primero una pierna entre asiento y volante y luego la otra. Ya estamos sentados, digooo… tumbados más bien… cerramos la puerta tirando de ella hacia abajo con fuerza… tunc! Diosmío. Claustrofóbico es un eufemismo: la vista hacia fuera está limitada por todos lados…el borde de la puerta queda a la altura de los ojos, el cristal lateral nos queda a pocos centímetros de la cabeza y sólo se abre hasta la mitad - en los peajes tendremos que abrir las puertas. En fin. Vista al frente, al parabrisas casi horizontal y mano a la palanca de cambios que queda en medio de un túnel de transmisión inmenso sobre el que reposa el brazo entero. Piiisaaaaamooooos el embrague, que parece más un aparato de gimnasio, el recorrido es larguísimo y muy pesado… movemos la palanca por la rejilla de acero y la ponemos en punto muerto... y giramos la llave.

Homenaje al Countach más puro y bello: el prototipo original | Fotos: Stile Bertone

Como nos habían dicho, hay que pisar el acelerador a fondo para que arranque la bestia, pero aunque íbamos avisados nada nos podía preparar para el brutal sonido del 12 cilindros, que además tenemos a pocos centímetros de nuestra nuca. EL RUIDO ES BRUTAL, ENSORDECEDOR (perdonad, tenía que gritar o no me habríais oído…). Decía que el ruido es brutal… pero embriagador, así que pisamos el acelerador unas cuantas veces más. La gente empieza a asomarse a las ventanas… menudo espectáculo. Pero procedamos: metemos primera, giramos el volante pequeñito y sin asistencia - ningún Countach la llegó a tener. Y el coche avanza… madre mía… con mucha cautela, los primeros metros son como empezar a caminar por primera vez. Circular por calles urbanas con tráfico es complicado: vamos tumbados a pocos centímetros del asfalto, el coche es anchísimo y el retrovisor interior no sirve para nada. Así que salgamos cuanto antes de la ciudad… en las carreteras secundarias el Countach está en su elemento y según pasan los kilómetros vamos cogiendo confianza… qué gloriosa máquina, qué ridícula y gloriosa máquina, creada con entusiasmo, pasión y algo de azar… ¿Por qué? ¿Por qué ya no se hacen así?

DH

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